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Del liderazgo

Cualquier grupo social, sea una Nación, una Empresa, o una Religión, se encuentra en un tránsito permanente entre el pasado y una visión de futuro que inspira y permite la evolución constante. A lo largo de este tránsito, el liderazgo toma un punto fundamental, para llevar a las personas desde donde están, hacia donde nunca han estado y en muchas ocasiones ni si tan siquiera son capaces de pensar que pueden llegar.

En ese recorrido, el liderazgo es indispensable:

  • Tomar decisiones.
  • Ganarse la confianza de todos los actores, tanto de equipos, mercado, accionistas…
  • Mantener las promesas.
  • Proponer una forma de avanzar.

Sin liderazgo, las empresas, pierden el rumbo, se exponen a una irrelevancia cada vez mayor y, en última instancia, al desastre.

Los líderes, según mi experiencia, creen y actúan en la intersección de dos ejes: el primero, entre el pasado y el futuro; el segundo, entre los valores y las aspiraciones de aquellos a los que lideran. Este es un punto interesante del que hablaremos más a delante.
Su primer reto es el **análisis**, que comienza con una evaluación realista de su empresa basada en la historia, sus procesos, sus medios y sus capacidades. En esos momentos, los líderes están llamados a hacer diagnósticos y a pensar de manera creativa

¿Cuáles son nuestros puntos fuertes?

¿Y los puntos débiles?

¿Qué hemos de conservar en nuestra empresa y que tendremos que adaptar y descartar?

¿Qué objetivos merecen un compromiso y cuáles deben rechazarse, por muy tentadoras que sean?

Y, en el extremo, ¿es la empresa lo bastante vital y segura para tolerar el sacrificio como paso intermedio hacia un futuro más satisfactorio?

Después, deben equilibrar lo que saben, que por fuerza extraen del pasado, con lo que intuyen sobre el futuro, que es inherentemente especulativo e incierto. Es esta comprensión intuitiva de la dirección que debe seguirse, la que permite a los líderes fijar objetivos y establecer una estrategia.
Para que las estrategias inspiren a la empresa, los líderes tienen que ser didácticos:

  • Comunicar los objetivos.
  • Mitigar las dudas.
  • Movilizar apoyos

Si bien el líder suele ser a la vez “Jefe” y, por tanto, tiene por definición el poder sancionar, despedir, etc., y actuar de forma coercitiva sobre sus equipos, la dependencia de la coerción es síntoma de un liderazgo inadecuado; los buenos líderes despiertan en sus equipos el deseo de caminar a su lado. Es imprescindible además que se combine las ideas de cambio, con la integración de las acciones necesarias para llevarlas a cabo, en el día a día y conseguir que el equipo esté motivado para ello.
Un equipo cercano y dinámico ha de rodear al líder y es el complemento visible de la vitalidad interior del líder; le proporciona apoyo en su camino y hace más tolerables los dilemas de la toma de decisiones. Los líderes pueden verse magnificados —o debilitados— por las cualidades de quienes les rodean.
Los atributos vitales que necesita un líder para afrontar estas tareas son la valentía y el carácter:

La valentía para elegir una dirección entre diversas opciones complejas y difíciles, lo cual requiere voluntad para trascender la rutina; y la fuerza de carácter para mantener un curso de acción cuyos beneficios y peligros, en el momento de la elección, solo pueden vislumbrarse de forma incompleta.
El valor emplaza a la virtud en el momento de la decisión; el carácter refuerza la fidelidad a los valores durante un periodo prolongado.

El liderazgo es aún más esencial durante las transiciones, cuando los valores y las instituciones pierden relevancia, y el plan esbozado para un futuro digno es objeto de disputa.